febrero 9, 2013 por silcami
Una persona encantadora nos regaló un par de entradas VIP para el concierto que Jethro Tull daba esta noche en el Palacio de Congresos de Málaga, así que allá nos fuimos.
El personal asistente era mayorcito de veras y una vez que eché una ojeada alrededor, le pregunté a mi marido si nosotros también teníamos ese aspecto de “deterioro lamentable”. Peor, me dijo. Pues vale, pero no lo asumimos y listo!
Elegimos sentarnos en la cuarta fila muy centraditos y justo dos filas más adelante se sentó una pareja muy alta que parecían gitanos. Él llevaba pelo largo y rizado, muy negro y una de esas chaquetas de cuero largas como una sahariana, anillos enormes de oro, y una pulsera también de cuero negro, con esa especie de pinchos metálicos que parecen el collar de castigo de un doberman. Me fijé en sus manos por ver si era guitarrista flamenco, pero las dos manos tenían las uñas cortas, así que descartado. Será palmero, pensé.
La mujer, con otra melenaza enorme, iba teñida de ese rubio entre yema de huevo y zanahoria que sienta como un tiro.
Según empezó el concierto, el tipo entró en trance. Agachaba la cabeza y la sacudía agitando aquellos rizos desordenados, sintiendo la música más que nadie. Les daba los tempos a todos los instrumentos porque parecía saberse el concierto al dedillo y levantaba el puño al final de cada interpretación. Ella no parecía tan traspuesta pero quería estar a la altura de su pareja y también se sacudía de lo lindo.
Poco antes del descanso de la mitad del concierto, el hombre alcanzó tal grado de éxtasis, que se abalanzó sobre la rubia y la besó durante un buen rato. Bueno, aquello era un morreo en toda regla. Toda la fila se veía obligada a seguir los vaivenes de su pasión desmedida porque algún chistoso de la organización había atado cada silla a la siguiente con una de esas cinchas plásticas, temiendo que las robáramos probablemente. A mí me saltaban las lágrimas de la risa y noté que a mi vecina le pasaba lo mismo, así que compartimos Kleenex.
En el descanso y ya que habían atado nuestras sillas y que habíamos llorado de risa juntas, la señora de mi lado y yo, decidimos ir también juntas al baño y allí otra señora se había quedado encerrada dentro mientras un montón hacía cola. Un ambientazo. Todas las mujeres a decirle que no se preocupara, que tuviera calma que la sacarían enseguida y cuando finalmente salió todas tocamos palmas por sevillanas y la jaleamos un rato. Más risas.
Cuando acabó el concierto, el melenas se abalanzó hacia el escenario para que Ian Anderson le diera la mano, luego que cualquiera de la banda lo hiciera, pero no tuvo éxito. Pues si llegan a ver la ayuda que prestó al espectáculo, yo creo que lo habrían subido a saludar también. Si estuvo dirigiendo la banda todo el rato!
Me encantó el concierto, Ian Anderson ya no tiene la voz que tenía, pero está lleno de recursos y la banda es muy buena: el guitarrista, el teclista y el fauno que canta, baila y salta por todo es escenario con gracilidad es genial.
Me lo he pasado divinamente. Gracias por las entradas!