Mi musungu ha vuelto de Rwanda, así que hemos ido a pasar con ella un par de días, aprovechando que Madrid es uno de los caminos para regresar de Andalucía hacia el Norte.
Me ha traído cosas muy lindas aunque ella cree que ya me ha comprado todo lo que allí se puede conseguir y que cada vez le cuesta más encontrarme algo sorprendente. Esta vez ha sido una cestita preciosa de alguna palma teñida de colores brillantes, un increíble foulard turquesa con una franja en verde, caramelos de mango, chicles de sandía y, sobre todo, fotos. No me canso nunca de ver fotos de esos países con un colorido tan intenso, con esa tierra roja y con una vegetación con tantos tonos de verde.
Rwanda tiene un clima tropical muy lluvioso y aunque no es un país rico, tiene un ecosistema fértil que produce plátanos, café y té, aparte de ganado vacuno, en una tierra de un color rojo fuerte. Eso le permite tomar fotos de un colorido sorprendente.
Los niños son preciosos y afortunadamente no se ven desnutridos. Como a los del resto del mundo, nada les hace más ilusión que los regalos, sobre todo si son caramelos y se arremolinan en torno a ella y sus compañeros en cuanto los ven que sacan Chupa-Chups y galletas.



Que preciosos ojos, llenos de viveza y felicidad con su caramelo!
Son tan lindos que me cuesta elegir la foto que voy a subir.