Supongo que todos tenemos algún profesor majadero a lo largo de nuestra vida escolar. La mía se llamaba Monique, era francesa y daba, lógicamente, la clase de francés.
Era una joven alta que en una época en la que se usaban los zapatos de punta cuadrada y tacón bajo y ancho (nuestra clase aún no había alcanzado la edad de llevar otra cosa que bailarinas o mocasines), ella los llevaba puntiagudos y con tacón alto de aguja donde siempre le faltaba una tapa o estaban muy gastadas, con lo que oía su característico TAC, TAC, TAC… de aproximación, con desagrado.
Los vestidos en ese tiempo, eran de línea évasé pero ella, rompedora, se ponía blusas ajustadas, con varios botones abiertos en el escote y faldas lápiz apretadas en la cintura por un cinturón ancho. Todos los días comentábamos su mal gusto, de ahí que recuerde su ropa.
Monique fumaba todo el rato, incluso mientras caminaba y con ella se desplazaba una nube de humo que contravenía todas las leyes imperantes del buen gusto. Cuando se iba de nuestra clase, dejaba el cenicero lleno de colillas manchadas de “rouge”, como las femme fatale del cine negro. Tenía los dientes grandes y amarillentos y se reía mucho, pero siempre por alguna maldad.
Llevaba el pelo teñido de color zanahoria, seco, achicharrado en las puntas y poco arreglado, haciendo juego, supongo, con unas cejas negras y espesas que con un lápiz, alargaba en las puntas para que no le quedaran cortas sobre unos ojos enormes, verdes y muy bonitos que desaparecían entre todo aquél cúmulo de horrores.
Si la imagen que todos tenemos de las francesas es de una parisina refinada de la Avenue du Foch, ella lucía una estética Pigalle.
Ni ella me gustaba a mí ni yo a ella, pero claramente peleábamos en bandos desiguales. No podía soportar que aunque no pegara sello en sus clases, saliera bastante airosa de sus pruebas, por pura chiripa.
Me castigaba por las cosas más disparatadas pero era lo bastante astuta como para incluir a otras compañeras a las que posteriormente, iba levantando el castigo mientras a mí me hacía ir al colegio los sábados por la tarde. También intentaba pillarme preguntándome cosas en todas las clases, pero debió de pensar que tanta dedicación exclusiva iba a resultar rara. Se le ocurrió entonces, dejar pasar mucho tiempo para que me relajara y súbitamente un día me preguntó las diferencias entre “Comme” y “Comment”. Por pura casualidad me lo había leído antes de su clase y la enfureció tanto, que insistía en que le dijera quién me lo había soplado. Viendo que todas la mirábamos atónitas, dejó el asunto no sin castigarme antes a escribir cien veces una frase:
No debo ser retorcida ni mentirosa.
Fue una de las peores humillaciones de mi vida, tanto como para no haberlo olvidado en un montón de años. Yo, que odio la mentira y la doblez, me veía obligada a dejar constancia escrita de algo que no era!
Poco tiempo después empezaron a decir que se iba con su marido y dos hijos a trabajar a Canadá y no pasaron ni dos meses antes de que se fuera.
Espero que allí se le haya congelado el trasero.

Como puede una maestra tan mediocre, ellas están supuestas a ser educadoras y motivar a los estudiantes con el ejemplo. Fumar delante de las niñas. En hora buena se fue y seguro que ya esta pagando toda su maldad esa fea.