Yo creo que de chica me caí de un mamey y quedé medio lela porque sino, no entiendo que me empuja a complicarme la vida a la hora de hacer las cosas. La Navidad es un tiempo muy apropiado para esforzarme en el asunto. En los días que pasan en casa, les preparo a mis hijas tales cantidades de comida que no tienen tiempo ni de probar y les insisto con los platos hasta que acaban aburridas de mí.
Este año además, me regalaron un pavo de nueve kilos para preparar en Nochebuena y al verlo pensé que era un ñandú… o el Ave Roc!
Tener que rellenar ese buche fue una proeza y de hecho, me llevó dos días todo el asunto, empezando por el relleno y que hice varias salsas de acompañamiento (la mejor, la salsa Cumberland). El bicho estuvo once horas en el horno.
Mi hija mayor preparó unas trufas rellenas de frambuesa, que nos dejaron alucinados. El contraste entre el chocolate y la acidez de las frutillas resultó especialmente bueno.
