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Archive for 20 marzo 2011

Hoy a mediodía nos detuvimos a comer en un restaurante de la carretera. Aún era temprano y aparte de un hombre en una mesa, sólo estábamos nosotros. Tenían la tele con un volúmen elevadísimo y colocada en un altillo frente a nosotros, así que mientras esperábamos nuestros platos, atendimos a las imágenes.
Aparecía una chica con mucho desparpajo que se puso a hablar sobre su relación “sexuá” con un torero y dice muy resuelta:
– Nunca lo hice en la cama, fue en un sofá y en el coshe – para luego seguir sin apenas respirar:
– Mira, yo tengo un marío que busca el placer pá los dos y no como el torero que musha taleguilla y poco atletismo –
Yo me moría de risa de oír todas aquellas intimidades expuestas a la luz pública sin el menor rubor mientras mi marido me preguntaba si no veía yo que aquella perturbada era fronteriza y que no debería reírme.
En medio de toda aquella incontinencia verbal, el entrevistador consigue meter baza y ya puestos en semejante dislate le pregunta:
– Pero hubo coito? Y ella contesta: – Por parte de él, sí!

Mientras tanto, al fondo de las imágenes aparece un hombre que grita:

– Mentira! Es todo mentira!

El entrevistador corre hacia él y le pregunta:
– Los conoce usted? Y el tipo contesta resuelto: – No, pero quiero que me vea mi mujer en la tele!
A estas alturas yo ya lloraba de la risa y no podía parar de hacerlo.
La ofendida chica aquella, para demostrar que decía la verdad en lo que contaba, llama desde su móvil a alguien y con el micrófono de Tele5 pegado a su boca dice al que le responde:
– Víctor! Quieres que te coma la colita?
Casi me caigo de la silla. Qué forma de reír! Creo que nos equivocamos al buscar nueva residencia en otros lugares. Viendo lo bien que se lo pasa la gente en Ubrique, quiero vivir allí. Qué divertidos son y qué chiflados están!

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NOVELEANDO

Me gusta observar a la gente, pero no de esa manera minuciosa y grosera con la que se suele mirar a los conocidos, con inquina, deteniéndose en cómo van vestidos o calzados, que no me interesa en absoluto. De hecho, no los miro. Simplemente, algún detalle llama mi atención de repente y hago conjeturas.
Cuando llegamos por la mañana al hotel, mientras nos atendían en recepción, se acercó una chica joven y muy delgada a pedir que le activasen nuevamente la tarjeta que abría su habitación porque había olvidado algo. Dejó sus cosas sobre el mostrador y desapareció en el ascensor. Había agitación en lo que hacía y pensé que le pasaba algo que le afectaba mucho. No parecía ser una indisposición intestinal, era algo más… estaba alterada.
Bastante rato después bajó y pidió un lugar donde conectarse a internet y cuando bajamos nuevamente al hall, estaba sentada frente a un ordenador muy concentrada en lo que hacía. Seguramente se había quedado sin el dinero necesario para pagar otra noche de hotel, no tenía a dónde ir y el tipejo con el que había estado manteniendo relaciones, no le daba más porque ya no estaba interesado en ella. Seguro que le había dicho algo como:
-Nena, vamos a tener que dejarlo porque tú pones mucho más que yo en esta relación y me siento agobiado.
Salimos a comer y pasamos el resto de la tarde callejeando y paseando por la playa. Cuando a las diez de la noche regresamos al hotel, allí seguía la joven frente a la pantalla del ordenador, tecleando enfebrecida. Eso me confirmó lo que había supuesto por la mañana: estaba liada con algún casado del que ella se había enamorado y él no quería continuar con la relación. Se quedaba con su mujer, olvidando las promesas que le hizo cuando quiso echar una cana al aire. Ella era “la otra” y tenía todo el aspecto de serlo: era una mujer joven, no era guapa pero se sacaba todo el partido posible, llevaba unos jeans tan pegados que sus piernas parecían los cañones de una escopeta y botines réplica de los Louboutin.
Yo nunca habría podido ser la querida de nadie. No porque crea que soy mejor que las demás y tenga un código moral muy estricto. Simplemente, no habría tenido ofertas. Además, de haber sido lo bastante guapa para ser “la otra”, no habría llevado copias chungas y mis brillantes despedirían tantos brillos como para confundir a los astronautas con las luces de Manhattan. Por otro lado, preparo unos Pisco Sour que alucinan a los que lo toman, así que lo habría tenido piripi todo el día, venga a firmar talones y habría alcanzado la noche semiinconsciente para no dar la lata. Nada de dejarme tirada en un hotel sin platita para pagarlo.
Tampoco creo que me hubiese gustado toda esa agitación emocional, todo ese sufrimiento innecesario, pero no puedo asegurarlo porque no me he visto en la disyuntiva.
Esta tarde en cambio, vi otro tipo de mujer. Decidimos dar un largo paseo en autobús a lo largo de la costa y en la parada de inicio había una señora mayor muy pulcra, vestida toda de negro con una impoluta blusa blanca. Se sentó a mi lado en el banco de la parada y enseguida noté el olor a lejía que despedían sus manos. Seguro que antes de salir había refregado su cocina hasta dejarla brillante como habría hecho toda si vida. A ella no le había pagado nunca nadie nada y cuando me comentó que iba al médico porque tenía fatal la espalda, pude imaginarme que los vapores de hipoclorito la habían descalcificado. Supe enseguida que esa era mi categoría. Siempre he tenido conciencia gremial y sé que el de la lejía, es mi sindicato.

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SOPA HARIRA

Al lado del hotel en el que estamos en San Pedro de Alcántara, hay un restaurante que nos recomendaron en recepción, el Siglo XXI, donde hemos estado yendo durante 3 días seguidos.
En cuanto el dueño vio que fotografiaba los platos que nos servía, se tomó un interés especial y aparte de recomendarnos cosas que nos iban a gustar, sugería platos que resultaran fotogénicos. Son comidas sencillas como hortalizas a la plancha, pescados a la plancha con patatas medio hervidas y luego a la plancha también, rabo de toro con patatillas paja y cosas así.
Fue tan sumamente atento, que dijimos que iríamos a comer allí los 3 días de nuestra estancia en el pueblo.
El segundo día nos anunció que tenía una cocinera marroquí y que había preparado sopa harira, una especialidad muy tonificante para el mes del Ramadán. Me encantó y ciertamente era muy completa porque lleva carne de cordero (ésta versión la llevaba de ternera), lentejas, garbanzos pelados una vez cocidos, tomates, fideos, hierbas aromáticas, especias y un montón de cosas más. Vamos, que estaba representada toda la pirámide alimentaria. Tengo que probar a hacerla en casa, aunque no creo que me vaya a salir tan bien como a ella.
Una vez que vea los resultados, si me gusta cómo me sale a mí, pondré aquí la receta.
Hoy nos esperaba con couscous como me había advertido ayer. Había puesto mucha esperanza en ese plato y me dejó algo desilusionada. Para mí era muy novedoso, y comer pollo, cordero, y hortalizas como camote (batata), calabacín y zanahorias cocidos, pues me dejó chafada. Las tres salsas que lo acompañaban le dieron algo de vidilla. Una era muy dulzona y tenía pasas muy chiquitas, otra era como un caldo y por último una picante no tan picante, Mi marido en cuanto lo vio dijo: Si en vez de couscous tuviese patatas, sería casi como un cocido gallego!

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EL MATRIMONIO

Yo me casé por interés.
Nada más verlo, fue instintivo. Noté que había encontrado el hombre que me llevaría por el buen camino en la vida. Y ésta no es una frase romántica-cursi, qué va! Es literal. Él ha nacido con un mapamundi y con una calculadora en el cerebro, lo que sin la menor duda, me ha venido divinamente. Si existe alguna neurona que se ocupa de la orientación, yo no la tengo, debió ser una pérdida embrionaria. Puede parecer exagerado, pero soy capaz de perderme en una taza.
Lo malo es que ahora estamos en el medio de una crisis: Por lo mucho que le gustan los artilugios electrónicos, nuestras hijas le regalaron un GPS y se ha estropeado nuestra pacífica convivencia. Nos vamos de viaje y la voz de la mujer esa le va dando instrucciones de por dónde dirigirse y él toma direcciones diferentes. Entonces me dan ataques de pánico porque uno no le discute cosas a los satélites de localización… Nos están viendo desde el cielo!
Qué conflicto personal! De quién me fío? De la persona que me ha llevado con mucho tino por todos los caminos durante tantos años o de una máquina super lista que lo ve todo desde lo más alto?
Me asusto de veras cuando me parece que no sabe dónde está porque si no lo sabe él, cómo regresamos a casa algún día? El rato que paso hasta que me dice: Lo ves? Yo tenía razón!, es agónico.
La solución estaría en apagar el aparato diabólico ese, pero no me deja porque en realidad supongo que lo quiere para competir.
Lo voy sobrellevando porque para compensarlo en cierta medida, tiene ese otro talento de hacer cuentas a velocidades supersónicas. Cuando cualquier cajera está sumando cosas con una calculadora, él ya ha hecho la cuenta, y podría haber hecho también una raíz cúbica con el resultado o haberlo pasado a base catorce para ir entreteniéndose.
Me hace gracia cuando le cuento: -Me he comprado dos blusas que antes valían 80€ cada una por la mitad de su precio, así que he ahorrado 80€! Y él me contesta: – Pues si te hubieses comprado dos mil quinientas, habrías ahorrado cien mil euros! No es un hombre increíble? Qué cálculo tan a propósito!
Por cierto, mis hijas me han dicho que en cuanto salgan chips de localización, me van a implantar uno en el cerebro y me parece una gran idea porque… y si a mi marido le diera por cambiarme por un modelo más nuevo, una rubia nacida en los años 80 ó 90, por ejemplo? Estaría perdida!

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LA CRISIS

Hemos vuelto a salir con la pretensión de encontrar una casa en Marbella a la que poder mudarnos. Es la última oportunidad que le damos a Málaga. De aquí, pasaremos a la costa catalana, que puede que no tenga la misma calidez, pero seguro que tiene otros atractivos.
Hace años cuando viajábamos a Madrid, a mediodía solíamos detenernos a comer en un restaurante de carretera bastante grande, de esos que tienen muchos camiones y autobuses de línea a la puerta y que a mí no me suelen gustar. Casi siempre me han servido la comida sobre una laguna de aceite, amarillenta por el azafrán o peor aún, por el colorante y con una tira o dos de pimiento morrón en la cima, como paradigma de la elegancia decorativa. La malamente llamada cocina “casera”.
En este restaurante, al final de un mostrador enorme de bar, se entraba a un comedor con un asador de gran tamaño, donde preparaban carnes a la brasa y cuya especialidad era el solomillo de buey. Estaba riquísimo y lo único que desentonaba en el plato, era el acompañamiento: unas verduras congeladas que se habían cocido en abundante agua y que no habían escurrido lo suficiente. Eran blandas e insípidas.
La extravagancia del local era que en los taburetes de la barra de la entrada, solían sentarse a tomar café (supongo que el del desayuno), algunas prostitutas ya mayores de un burdel de medio pelo que estaba situado justo enfrente y que tenía un cartel de neón verde que ponía “Club”. Me gustaba verlas allí balanceando los altos tamancos de sus cruzadas piernas, con sus pelos rubios achicharrados por los tintes y fumando un cigarro mientras sorbían sus cafés y charlaban de cosas cotidianas con cualquiera que les diera conversación.
Debo reconocer que fueron esas hortalizas congeladas y mal hechas que nos ponían como guarnición lo que nos hizo preguntar por otro restaurante y no la ocupación de aquellas mujeres. Además, había una que era francesa, lo que sin duda le daba un toque de glamour.
Así llegamos a un no muy alejado restaurante con cocina de autor en un lugar inesperado, en el medio de la nada, que es lo que parecen algunas planicies castellanas de cereales que llegan al horizonte. Era, a pesar de ser el triple de caro, como deberían ser los restaurantes buenos, con comida abundante, bien presentada y bien atendido. Pero con el tiempo ha ido empeorando y aparte de que el menú ya no es tan cuidado, en dos ocasiones nos han servido la comida muy fría.
Hemos regresado al restaurante de las carnes a la brasa. Han desaparecido las hortalizas congeladas, dejando en su lugar patatas fritas y pimientos rojos asados muy calentitos y han desaparecido también las prostitutas. El neón verde manzana está apagado y en las ventanas de la casa aparecen carteles que ponen: SE ALQUILA ESTE LOCAL. Sí que estamos en crisis.

*Tamanco: Sandalia de madera de tacón muy alto ya que llevan una suela muy gruesa. Es típica de la selva Amazónica y va muy pintada con escenas de la zona. Sin la menor duda, los precursores de las sandalias de plataforma de los grandes zapateros como M. Blahnik o C. Louboutin.

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