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Archive for 30 julio 2011

PRESIDENTE

Nuestro inefable presidente de la Comunidad de Vecinos es como un alcalde al viejo uso. De vez en cuando nos regala los ojos y el intelecto con un bando. El último lo ha pegado en el mármol que hay entre los dos ascensores y ocupa un folio entero. Podría habernos puesto simplemente una recomendación sencillita que dijera:
Ruego a los vecinos que no abran indiscriminadamente la puerta del portal, ya que ha habido un intento de robo en un piso de esta comunidad.
O Incluso añadir:
Recuerden que el video portero se ha puesto para facilitar el reconocimiento de las personas que intentan entrar al edificio.
Pues no. Primero hace un relato enrevesado sobre el asunto, que cuesta entender y luego, unas recomendaciones que deberíamos atender. Sólo voy a poner dos de ellas porque las otras son más aburridas.
– A la vista de los hechos, hemos de intentar aumentar las precauciones para protegernos lo más posible, entre ellas, os cito algunas. No abrir nunca la puerta si no conocemos a la persona que llama por el telefonillo, si hay mucha insistencia, es preferible bajar a la puerta e incluso acompañar a la persona al piso donde va.
– Cualquier persona, a la hora que sea, que no conozcamos, preguntarle a dónde va e incluso estar pendiente de sus movimientos, avisando a otros vecinos si nos sentimos inseguros o incluso a la policía.

No es absolutamente encantador y disparatado? Si llama un supuesto delincuente, qué puede haber mejor que bajar al portal a recibirlo, meterse con él en un ascensor y acompañarlo al piso que vaya como un buen introductor de embajadores? Qué rayos, a mí también me gustan los subidones de adrenalina y vivir peligrosamente.
La otra recomendación de “a la hora que sea”, estar pendiente de los movimientos del intruso… (¿cómo?) y llamar a los vecinos… ¿A gritos? ¿Por teléfono? A las cuatro de la madrugada por ejemplo? Conozco a unos cuantos que estarían encantados de oírme saludarlos a esas horas.
Para rematar, firma el bando de esta guisa:
F. G.
Presidente
Y a mí me entran ganas de ponerle con lápiz: ¡PRESENTE!
Lo voy a echar de menos cuando deje el cargo en Diciembre. Tengo todas mis esperanzas puestas en que dé un golpe de comunidad y se quede para siempre.

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Acuarela inspirada en El Membrillo

Qué rollo! Así, sin más.
Menudo empacho de edificios en calles desérticas. Mira que hay que currárselo para poner la Gran Vía de Madrid de día y con sol, totalmente vacía, como si una epidemia de algo chungo se hubiese cargado a toda la población.
A mí particularmente me importan un grelo el perfeccionismo y la meticulosidad a la hora de enseñarme perspectivas caballeras de lo que sea. Todas aquellas líneas concurrentes en el horizonte y paralelas horizontales. ¿Para qué? _me preguntaba atónita_ Si no siento nada al ver los cuadros!
Una de mis hijas me dijo con guasa, mientras contemplábamos aquella profusión de ventanitas pintadas: _Este señor padece un trastorno obsesivo compulsivo… Además es triste. Seguro que como cuenta Almodóvar en su película sobre sus propios orígenes manchegos, este pintor ha fregado su tumba (la que lo está esperando) desde pequeño y eso deja huella!
Los detalles de los muebles de pueblo con sus cristalerías, vajilla, tapetitos con puntilla y botella de Anís del Mono y los retratos de señoras flotando sobre ellos (que supongo que serían las propietarias), tenían un aspecto de homenaje mortuorio macabro y además amenazante: Ojo con lo que hacéis con la alacena que estoy yo aquí vigilando.
Mi otra hija, que recorrió la primera planta en un pispás, se acercó a contarme que había gente buscando su casa o la de sus familiares y amigos, como en “Buscando a Wally” para entretenerse.
Ella misma me dijo: La mayoría de sus cuadros están sin acabar porque hasta él mismo se ha aburrido de verlos!
Tengo dos chicas ingeniosas en casa. Puede que parezcan insustanciales tras estos comentarios, pero de veras que no lo son. Puede que algo frívolas, pero tras esa muestra de tristeza, me parece un don.

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(Pronúnciese como si las tres primeras letras fueran una U larga. Gracias.)

He tenido que esperar mucho para poder contar cuantísimo me gustó “Midnight In Paris” cuando la estrenaron hace un montón de tiempo. Mis hijas no la habían visto y yo no quería chafarles el factor sorpresa que es la base de la película. Si la que estaba allá en el medio de África, ya la ha visto, puedo comentarla tranquilamente porque no voy a ser una malvada “spoiler”.
A pesar del título, me parece que París es más bien el telón de fondo que ha empleado para recrearse en una época, los años 20, en la que coincidieron un montón de norteamericanos geniales, gente estupenda, creativa, díscola y chiflada, que tenía serios problemas personales que pretendía llevar con sofisticación. Incluso un intento de suicidio se relata como algo ligero y despreocupado… una extravagancia. Allí aparecen muchos de mis personajes favoritos, tanto en literatura como en pintura y música: Scott Fitzgerald y Zelda, Hemingway, Cole y Linda Porter (se oyen sus composiciones como banda sonora), Gertrude Stein y su compi de toda la vida Alice Toklas, Man Ray… y una serie de bohemios que se reunían en la librería en lengua inglesa de Sylvia Beach, la Shakespeare and Company.
Lo que más me sorprendió fue ver aparecer a una serie de artistas españoles que seguro que también son muy favoritos de Woody Allen, como Picasso, Dalí, Buñuel e incluso Juan Belmonte. Adrian Brody está fantástico en su interpretación de Dalí, al igual que Corey Stoll, un actor para mí desconocido, en su papel de E. Hemingway, que fueron los que más me gustaron. Puede que mi obsesión por no perderme detalle de las intenciones del director, notase que había una cierta estética Modigliani en cuanto a la caracterización de los personajes, con pequeñas cabezas sobre largos cuellos que estaban acentuados por un vestuario muy apropiado. Se lo he comentado a amigas mías que también la vieron y no parecieron apreciarlo.
Yo estaba feliz, nada más sentarme en mi butaca me metí en el viaje al pasado como lo hace Gil, álter ego de W. Allen, interpretado por Owen Wilson. Tanto así, que aprovechando que estábamos en el cine sólo una amiga y yo en la última sesión, canté en alto: “Let’s Do It” junto a Cole Porter.
De Marion Cottilard se puede decir que es encantadora bajo cualquier circunstancia y aquí, una vez más. Qué buena actriz y sin aspavientos.
Los diálogos son como uno siempre espera que sean, tratándose de este director. Voy a ver sus pelis para oír lo que dice sobre cualquier tema.
Es que hasta el cartel anunciador es precioso.
Por último comentar que el vestuario es de la española Sonia Grande y es absolutamente maravilloso. Me habría quedado con todos los vestidos.
La he visto tres veces y estoy deseando que la saquen en DVD.

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