Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 20 agosto 2011

ADORNOS

Hace un par de semanas nos invitaron a una barbacoa estupenda. Yo llevé unas salsas que estaban bien también y el asunto discurrió por  cauces muy agradables. No sé si por las cervecitas o por el vino, a la hora del café la gente siempre está relajada, ya no tiene que pelear por las costillitas ni las salchichas y empieza a largar con mucha soltura.

Una invitada comentó, hablando de la capacidad de las personas para desarrollar su trabajo, que las mujeres eran (éramos), simples adornos masculinos, no valíamos para nada más.

Yo bebo Coca Cola, de lata plis, y a ser posible, con todo , así que no me entra modorra. Lo digo porque enseguida estuve en estado de alerta y comenté que comprendía que ese fuera su caso, pero que extrapolar sus limitaciones a todas sus congéneres, era un asunto muy osado. Es decir, la primera se la di en la frente. Con una asombrosa tranquilidad admitió que sí, que ella era menos inteligente que cualquier varón del mundo. Bueno… ese era su caso –insistí- y nadie podría saberlo mejor que ella misma, pero que no nos metiera a todas las demás en el mismo grupo obtuso.

Su argumento entonces fue, que la estructura cerebral masculina, era superior a la femenina. Ah… Pues muy bien, pero antes vamos a dejar establecido cómo es la estructura cerebral masculina y luego pasamos a ver cómo es la femenina, si es que hay un prototipo que compartamos todas nosotras y otra, todos ellos.

Se veía que esa era su defensa habitual y que le había resultado muy eficaz hasta entonces porque una frase así, resulta contundente y parece no tener réplica, pero mi familia es toda guerrera y salimos los cuatro al ataque (varón incluido).

Finalmente admitió que no sabía cuál era la estructura dichosa! Dijo que lo pensaría y ya hablaríamos sobre el tema otro día.

Yo me sentía tan ofendida por todas las mujeres del mundo! Había en todo ello dos agravios importantes. El primero era el considerarnos inferiores cuando no existe prueba científica alguna sobre el asunto. El segundo, plantear que todas las mujeres pertenecen a ese sofisticado mundo de las que han podido asistir a las universidades (qué digo, al colegio!), donde atrapar maridos ricos que nos mantuvieran como a jarrones en el hogar.

Pero es que no ve ni las noticias? No ve las imágenes de esos supuestos adornos masculinos de Somalia, arrastrando sus huesecitos y los de sus  niños por esos caminos polvorientos en busca de no se sabe ya qué?

Qué clase de adorno es eso para nada  ni nadie?

Pero no hace falta irse tan lejos. Desde que tenía 8 años he ido en el verano a pasar las vacaciones a un pueblo pequeñito. Allí había una niña que se quedó huérfana de madre cuando aún era muy pequeña y mientras su padre trabajaba el campo, ella iba a una escuelita de una sola aula y al regresar a casa, se ocupaba de la limpieza y la comida.

Han pasado muchos años y sigue en el pueblito y afortunadamente vive bien, pero trabajando muchísimo como siempre ha hecho.

Su marido tuvo un ictus cerebral en Mayo y aunque lo han salvado, le han quedado serias secuelas de pérdida de memoria reciente y se le han borrado totalmente los últimos diez o quince años. Así pues, ahora aparte de atender su casa y ayudar a sus dos hijos y nietos, cuida las viñas y la huerta porque él no puede. Es un encanto de persona, dulce y sonriente y hace que su marido la acompañe a todas partes para tenerlo vigilado.

Cuando la vi el jueves pasado, cargada con una máquina de sulfatar a los hombros, su marido limpito como si fuera a participar en un torneo de cricket, le dije: -Mari Carmen, déjame tomarte una foto…

Ella  no quería porque -Mira cómo voy!

Pero yo insistí: Estás guapísima!

Y era cierto. Era un adorno, pero no de un hombre, de la humanidad, de todos nosotros.

Un adorno muy especial

Anuncios

Read Full Post »

CASTAÑAS LOCAS

Ya está aquí el otoño y lo odio. Es el precursor de algo peor: el
invierno.

Ayer salimos a caminar un rato y vi que empezaba a haber castañas locas
por el suelo, las que caen de los árboles que adornan mi calle. Qué momento
dramático asumir que vuelve el horror del tiempo desapacible. En la pila de
años que llevo aquí, eso no sucedía hasta finales de agosto, pero estábamos
sólo a día seis de Agosto, así que era evidente que este verano, los días eran tan fríos y húmedos que los árboles se habían creído que era el tiempo justo de soltar la carga.

Cuando mis hijas eran pequeñas, esas castañas seguían cayendo a mediados
de Septiembre, cuando se iniciaba el curso escolar, así que mientras esperaban en la esquina el bus del cole, ellas y el resto de niños de la parada, se entretenían en tirarlas al medio de la pista, de forma que los coches las aplastaran con las ruedas. Cuanto más apachurradas quedaban, más altas eran sus risas.

Este año. Esas nuevas generaciones de críos no van a tener un
entretenimiento tan simple para distraerse en los duros días de la vuelta al
cole.

Ciertamente las castañas están ligadas a la tragedia. Cuando llegué a España,
hace unos trescientos años, me alertaron sobre ellas: Si comías una de esas de
la calle, te volvías completamente loca. Yo sólo conocía las castañas
brasileiras, a las que tenía auténtico pavor. Mi madre me había contado una
historia terrible de la asfixia del hijito de una amiga suya, que no las había
masticado bien. Por último están las marron glacé, que sí que hay que estar chiflada para comerse uno de esos horrores dulzones. Pero esas llegan con el invierno, en Septiembre, supongo, tal y como se están poniendo las cosas.

Read Full Post »

Restaurante El Laurel

Hoy decidimos ir a probar un restaurante nuevo del que me
hablaron en la peluquería, que son esos lugares que exudan sabiduría (las de
señoras, claro!). La propietaria, Toñi Vicente, ya tuvo alguno otro antes, pero
éste, “El Laurel”,  ha sido el que más me ha
gustado porque está en un entorno precioso. De madera, sobre el mar, en un
pantalán de San Adrián de Cobres, un poco (salvando las distancias), como los
palafitos de mi tierra.

Aprovechando que mi hija mayor ha estado muchos meses en
Rwanda, comiendo vaca vieja y tilapia de los grandes lagos africanos y que
queríamos invitar también a unos íntimos amigos, cruzamos la ría sin que nos
lloviera en ningún momento, a pesar de que amenazaba con ello.

Pedimos primeros platos muy variados, como gazpacho de
fresa, salpicón de bogavante, y xoubas (en gallego, sardinilla pequeña) a la
plancha con patatas al vapor. Cuando uno acude por primera vez a un restaurante
y está en confianza, no debe de irse del lugar sin probar un poco de lo que
pidieron los demás, así que la cosa resultó un intercambio muy interesante. Me
gustaron especialmente el gazpacho y las xoubas . Los salpicones que pedimos mi
hija y yo, creo que necesitaban un poco más de fuerza en los sabores… o será
que a mí me gusta mucho el vinagre.

Los segundos platos resultaron todos riquísimos. Mi merluza
al romero fue una exquisitez, delicada, fresquísima, en su punto de cocción y
servida sobre un lecho de tomate picado y ligeramente aliñado con aceite de
oliva y con bolitas de patata al vapor que se deshacían en la boca.

El lenguado, el atún y la lubina a la espalda que pidieron
los demás, estaban igualmente muy bien preparados y de una calidad inmejorable.

Mi hija y yo pedimos simples helados de postre, pero los
demás pidieron torrijas con helado de mandarina y una especie de pequeño muffin
relleno de chocolate derretido, coronado con helado de café. No pararon de
comentar lo maravilloso que era su postre, hasta mucho después de haberlo
terminado.

Al salir, vi en una mesa, sentado con la familia de su
hija, a mi antiguo ginecólogo, el que me atendió cuando nacieron mis niñas, un
señor absolutamente encantador, que está retirado hace muchos años y que aunque
no me recuerde muy bien, se muestra tan cariñoso como si nos viéramos todas las
semanas, lo que muestra su exquisita educación.

Nos pusimos al día en todos los temas oportunos y al
comentarle que estamos planeando ir a mi casa próximamente, se interesó por
saber de dónde era yo. De Iquitos, le dije, en la Amazonía peruana, ahora usted
no se acuerda que le recomendé ir…

Me contestó entonces: -Oh, Iquitos… Allí hubo gente
fantástica. He leído mucho sobre esa zona. Hubo un hombre que abrió allí una
librería y que escribió cosas muy interesantes, tanto sobre él como sobre sus
amigos y otros temas de lo más variado. Se llamaba Cesáreo Mosquera…

Mi abuelo (hacia 1901)

-Ah sí! Mi abuelo, le dije.

Fue sorprendente, se quedó impactado de veras y no paró de
decirme lo mucho que se alegraba de conocer ese hecho, que cómo no se lo había
comentado antes. -Bueno, uno  no va por
ahí diciendo cómo se llamaba su abuelo sin que venga a cuento.

Creo que a partir de ahora me va a ver desde otro prisma,
lo que sin la menor duda es mucho más favorecedor. A este señor encantador, por
su profesión, le he mostrado panorámicas inexcusables y me he comportado de
forma deplorable, quejándome, llorando… para qué seguir.

Me recomendó muy insistentemente, que escribiese la
historia de mi familia en el tiempo que estuvieron en la Amazonía, cosa que
desde luego he pensado hacer, pero que necesito volver a casa a oler mi tierra.

Qué encuentro tan afortunado. Él se ha quedado encantado y
yo más aún. Me he sentido sola y extraña todos estos años lejos de casa. Uno no
espera que nadie desarrolle cierta clase de admiración por su familia aunque no
la conozca de nada y sobre todo tan alejada del lugar. Es cierto entonces que
nuestros hechos nos delatan y los de mi familia están ahí, para el que quiera
verlos.

Read Full Post »