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Archive for 19 diciembre 2011

Hoy tuve que ir al notario a buscar una serie de documentos que habían tenido que pedir a Madrid desde ese despacho. Lógicamente, toda la documentación oficial debe de ir acreditada con los datos del solicitante: Yo.

Cuando el tipo se pone a leer, oigo que dice: “A petición de Carla Barce, les rogamos nos envíen”…

—Quién es esa? le pregunto.

—Usted.

Vaya, encantada! Un tipo que no te conoce de nada te dice cómo te llamas sin que sea ni por lo más remoto tu nombre… Mi DNI estaba sobre la mesa y se lo hice leer (tampoco es garantía de nada porque durante 5 años allí figuraba otro apellido que no era el mío: Borga), así que con bolígrafo corrigió nombre y apellido. Él se quedó tan ancho y yo con un borrón en un documento y otra personalidad alternativa.

Volví a casa enfadada y se lo conté a mis hijas por email. La mayor, que tiene mucho sentido del humor, me dijo:

Pues mira, yo creo que está bien currando de notario, imagínate si le da por ser neurocirujano…

Me he sentido reconfortada. ¿No es genial?

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MONIQUE

Supongo que todos tenemos algún profesor majadero a lo largo de nuestra vida escolar. La mía se llamaba Monique, era francesa y daba, lógicamente, la clase de francés.

Era una joven alta que en una época en la que se usaban los zapatos de punta cuadrada y tacón bajo y ancho (nuestra clase aún no había alcanzado la edad de llevar otra cosa que bailarinas o mocasines), ella los llevaba puntiagudos y con tacón alto de aguja donde siempre le faltaba una tapa o estaban muy gastadas, con lo que oía su característico TAC, TAC, TAC… de aproximación, con desagrado.

Los vestidos en ese tiempo, eran de línea évasé pero ella, rompedora, se ponía blusas ajustadas, con varios botones abiertos en el escote y faldas lápiz apretadas en la cintura por un cinturón ancho. Todos los días comentábamos su mal gusto, de ahí que recuerde su ropa.

Monique fumaba todo el rato, incluso mientras caminaba y con ella se desplazaba una nube de humo que contravenía todas las leyes imperantes del buen gusto. Cuando se iba de nuestra clase, dejaba el cenicero lleno de colillas manchadas de “rouge”, como las femme fatale del cine negro. Tenía los dientes grandes y amarillentos y se reía mucho, pero siempre por alguna maldad.

Llevaba el pelo teñido de color zanahoria, seco, achicharrado en las puntas y poco arreglado, haciendo juego, supongo, con unas cejas negras y espesas que con un lápiz, alargaba en las puntas para que no le quedaran cortas sobre unos ojos enormes, verdes y muy bonitos que desaparecían entre pegotes de Rimmel y todo aquél cúmulo de horrores.

Si la imagen que todos tenemos de las francesas es de una parisina refinada de la Avenue du Foch, ella lucía una estética Pigalle.

Ni ella me gustaba a mí ni yo a ella, pero claramente peleábamos en bandos desiguales. No podía soportar que aunque no pegara sello en sus clases, saliera bastante airosa de sus pruebas, por pura chiripa.

Me castigaba por las cosas más disparatadas pero era lo bastante astuta como para incluir a otras compañeras a las que posteriormente, iba levantando el castigo mientras a mí me hacía ir al colegio los sábados por la tarde. También intentaba pillarme preguntándome cosas en todas las clases, pero debió de pensar que tanta dedicación exclusiva iba a resultar rara. Se le ocurrió entonces, dejar pasar mucho tiempo para que me relajara y súbitamente un día me preguntó las diferencias entre “Comme” y “Comment”. Por pura casualidad me lo había leído antes de su clase y la enfureció tanto, que insistía en que le dijera quién me lo había soplado. Viendo que todas la mirábamos atónitas, dejó el asunto no sin castigarme antes a escribir cien veces una frase:

No debo ser retorcida ni mentirosa.

Fue una de las peores humillaciones de mi vida, tanto como para no haberlo olvidado en un montón de años. Yo, que odio la mentira y la doblez,  me veía obligada a dejar constancia escrita de algo que no era!

Poco tiempo después empezaron a decir que se iba con su marido y dos hijos a trabajar a Canadá y no pasaron ni dos meses antes de que se fuera.

Espero que allí se le haya congelado el trasero.

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MUSUNGU

 

Mi musungu ha vuelto de Rwanda, así que hemos ido a pasar con ella un par de días, aprovechando que Madrid es uno de los caminos para regresar de Andalucía hacia el Norte.

Me ha traído cosas muy lindas aunque ella cree que ya me ha comprado todo lo que allí se puede conseguir y que cada vez le cuesta más encontrarme algo sorprendente. Esta vez ha sido una cestita preciosa de alguna palma teñida de colores brillantes, un increíble foulard turquesa con una franja en verde, caramelos de mango, chicles de sandía y, sobre todo, fotos. No me canso nunca de ver fotos de esos países con un colorido tan intenso, con esa tierra roja y con una vegetación con tantos tonos de verde.

Rwanda tiene un clima tropical muy lluvioso y aunque no es un país rico, tiene un ecosistema fértil que produce plátanos, café y té, aparte de ganado vacuno, en una tierra de un color rojo fuerte. Eso le permite tomar fotos de un colorido sorprendente.

Los niños son preciosos y afortunadamente no se ven desnutridos. Como a los del resto del mundo, nada les hace más ilusión que los regalos, sobre todo si son caramelos y se arremolinan en torno a ella y sus compañeros en cuanto los ven que sacan Chupa-Chups y galletas.

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ISTÁN

Qué curiosos son algunos asentamientos humanos. Ayer fuimos a visitar Istán, un pueblo casi en la cima de la montaña de La Concha, tan característica de Marbella.
Mientras subíamos hacia allí, por una carretera llena de curvas y muy estrechita, me preguntaba a quién se le podría haber ocurrido ir a colgar por primera vez su vivienda tan arriba y tan alejada de todo lo que tuviese fácil acceso.
Lo cierto es que el pueblo es lindo y al poquito de entrar en él, hay un cartel que pide que dejes allí tu coche porque las callecitas son angostas, con escaleras o cuestas muy empinadas. Como en casi todos los pueblos en la actualidad, sus pobladores son en su mayoría ancianos, quienes muy astutamente se desplazan en sillas de ruedas a motor.
Es un pueblo blanco, ordenado y pulcro. Como ya dije, un pueblo lindo.

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