Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 8 enero 2012

OVNIS

Hace muchos años, había en la televisión aquella en blanco y negro, unos programas alucinantes en los que llevaban a entrevistar a unos tipos rarísimos, que me parece que estaban como regaderas. Entre toda aquella diversidad de individuos, los que más  nos gustaban eran los que iban a contar que habían visto platillos volantes de constelaciones lejanísimas aunque con una cierta predilección por Ganímedes. Uno incluso llegó a decir que el comandante en jefe de la flota espacial era Juan el Bautista y ante el estupor del presentador, le aclaró: El primo de Jesús!  Claro, qué otro, le contestó el tipo.

Nos partíamos de risa con los disparates que narraba. Me recordaban una pasarela cualquiera de André Courrèges, con modelos de minivestidos tiesos, medias tupidas, botas planas de colores pastel y aquellas gafas blancas opacas que llevaban falsas pestañas pegadas sobre el cristal.

Otros las describían como la tripulación de aquella maravillosa compañía que fue Braniff International, con sus azafatas vestidas en plan nave estelar, que se paseaban por los aeropuertos con una escafandra al brazo como si fuera el casco de la moto o el bolso. Los aviones eran otro flipe de colores que daban alegría a las pistas donde todos los aviones eran “color avión”. Yo me asomaba a mi ventanilla al tomar tierra buscando aquella psicodelia amarillo neón, turquesa o morado que me alegraban el corazón.

Con ese incentivo televisivo, cada vez que circulábamos de noche por alguna carretera solitaria, comentábamos que quizás a la vuelta de una curva, habría un OVNI plantado en el medio de la carretera y que nos llevarían a dar una vueltecita por el espacio exterior.

Otras veces, cuando había noches con tempestades muy fuertes, nos animábamos a salir en coche hasta la carretera que va desde Baiona a La Guardia porque nos decíamos que si había alguna posibilidad de avistamiento, sería esa noche. Nadie en su sano juicio saldría de paseo en esas condiciones y menos aún en un Mini, con el que los navegantes espaciales nos podrían haber llevado con todo y coche.

No había ni una luz en toda aquella estrecha carretera pegada al mar, las olas rompían con muchísima fuerza contra las rocas, levantando enormes montañas de espuma y solo ese espectáculo era lo bastante aterrador como para que encima se nos aparecieran cosas.

Teníamos una niña de tres o cuatro añitos a la que lógicamente llevábamos a la aventura. La pobre me decía -Mami, por favor no vayamos a ver a los marcianos!  y yo le contestaba: -Si boba, verás qué divertido darse una vuelta por el espacio y fíjate qué suerte si además nos operan del apéndice!

Yo estaba convencida de que el tour iba a incluir cirugía indolora.

No sé cómo ha salido una persona tan buena y tan equilibrada con unos padres tan majaretas. Supongo que en el fondo, era consciente de la gran broma que era todo aquello. Hoy en día es aún más chiflada por la ciencia ficción de lo que lo fuimos nosotros y su ilusión es que abaraten los viajes espaciales para darse una vuelta por ahí fuera…

Anuncios

Read Full Post »

Yo creo que de chica me caí de un mamey y quedé medio lela porque sino, no entiendo qué me empuja a complicarme la vida a la hora de hacer las cosas. La Navidad es un tiempo muy apropiado para esforzarme en el asunto. En los días que pasan en casa, les preparo a mis hijas tales cantidades de comida que no tienen tiempo ni de probar y les insisto con los platos hasta que acaban aburridas de mí.

Este año además, me regalaron un pavo de nueve kilos para preparar en Nochebuena y al verlo pensé que era un ñandú… o el Ave Roc!

Tener que rellenar ese buche fue una proeza  y de hecho, me llevó dos días todo el asunto, empezando por el relleno y que hice varias salsas de acompañamiento (la mejor, la salsa Cumberland).  El bicho estuvo once horas en el horno.

Mi hija mayor preparó unas trufas rellenas de frambuesa, que nos dejaron alucinados. El contraste entre el chocolate y la acidez de las frutillas resultó especialmente bueno.

Read Full Post »