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Archive for 30 abril 2012

UNA MESA CON ESTILO

Nunca hubo veintisiete euros tan bien gastados como los de la mesa que compramos en IKEA el otro día. Para empezar, la movemos con libertad al lugar del salón que más nos apetezca y así por la mañana está cerca de la ventana que da al porche y al atardecer la plantamos frente a la chimenea.

La usamos indistintamente de escritorio, de apoya-todo y de mesa de comedor, básicamente porque salvo las camas, no tenemos otro mueble. Aparte de las 4 sillas que también compramos ese día, sólo traje de casa unos pocos platos, vasos desechables de celuloide, unas ocho o diez cucharillas de café de tres juegos diferentes y dos cucharas que no llegan a ser de sopa, que son de tamaño indeterminado. Eso sí, traje todos los mugs que nunca se usan y que son enormes.

Hace un rato, siendo la hora de la cena y sin tener ningún mantel, puse papel absorbente de cocina: dos tramos que hacían de individual y un tramo que cumplía funciones de servilleta. Yo lo veía finísimo. Preparé té directamente en los mugs (tampoco hay tetera) y mi hija me reprochó el tamaño de los cubiertos:

–Qué clase de exotismo te hizo traer estas cucharitas de café? No puedo remover el azúcar sin quemarme los dedos dentro! Y mira a Papá, tiene que comerse el yoghourt con esa otra cuchara que quiere ser de sopa y no la han dejado!

–Son de moka – le corrigió su padre, burlándose de mí.

Como yo tenía la otra mediana se la ofrecí advirtiéndole que estaba chupada…

No la quiso pero entre los dos continuaron metiéndose conmigo por la precariedad de la situación y como son ingeniosos, me reí un montón. Les hice notar que en el único cacharrito de plástico que tenemos aquí, había tenido la delicadeza de ponerle papel de cocina humedecido con agua templada y unas gotitas de un limón del limonero del mirlo, a modo de aguamanil y es que donde hay clase…

Acaso no era eso de una distinción extrema? Peor es que se está usando el parasol del teleobjetivo de mi cámara como soporte del paquete de las Oreo y no he sido yo la de la idea…

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TALENTO

Desde ayer a última hora de la tarde, ha llovido mucho en Málaga, así que como además es domingo, se han juntado dos fatalidades… o mejor dicho: tres, porque no tenemos ni televisión ni una miserable radio. Bueno, está la del coche, pero tendríamos que ir a meternos en el garaje a pasar el día.

En estas situaciones es cuando uno se da cuenta de verdad de lo interesante o ingeniosa que es su familia. Más vale que todos muestren un talante divertido o acabaríamos a le greña.

Mi hija mayor empezó a hablarnos de la máquina de coser que se ha comprado por internet. Es una Hyunday, que se ve que saben hacer algo más que coches y que le ha costado el módico precio de treinta y siete euros con envío incluido. A la vez que ella, para abaratar gastos de envío, aunque ninguna ha cosido nada antes, también pidió una máquina su amiga Elena.

Al ir a recogerlas, Elena le comentaba que para la costura había que tener talento de nacimiento porque su hermana, sin ir a clases de ningún tipo, cose de todo con la dificultad añadida de que pone la máquina en el suelo y le da al pedal con la rodilla. No es que sea coja o que no tengan mesas en casa, es que es así de estilosa.

Yo conté entonces que cuando tenía unos dieciséis años, mi madre me mandó en Iquitos a unas clases de corte y confección con su modista Emperatriz.

“Empechita” era especial y según mi madre había que darle el doble de tela que a cualquier otra costurera porque tenía que llegarle para hacerse también un vestido para ella o cualquiera de sus hijas porque sino, no se exlicaba qué hacía con tanta tela. A veces el suyo se llevaba la mejor parte así que cuando mi madre intentaba ponérselo, no cabía en el vestido y la llevaban todos los demonios. Otras veces no le ponía cuello o mangas y se quedaba tan ancha. Empechita salía airosa y se reía:

–Ha sido porque has querido los botones forrados.

A mí las clases no me interesaban en absoluto puesto que ella misma me hacía los vestidos, pero podían ser un buen entretenimiento para las vacaciones de tres meses. También iba a ir Teresa, la hermana que seguía en edad a Cecilia, mi amiga del alma, que diría Anne Shirley.

Desde el primer día mostré poca inclinación al asunto porque Empechita dijo que teníamos que aprender a manejar la máquina antes de nada y nos dio hojas de periódico para coser en ellas hasta que hiciéramos costuras rectas. Sus máquinas no eran eléctricas y había que mover el pedal con los pies, pero mi hoja de periódico no iba hacia atrás sino hacia adelante, cosía al revés. Sólo al principio si hacía mucha fuerza, iba bien pero a toda velocidad y se me acababa la hoja y no podía parar aquella furia empujadora. Pero si iba despacio, para controlar las puntadas, estaba frita, se detenía sin más. Qué risa! Me estuve así toda la semana mientras que Teresa empezó a aprender a hacer patrones. Muy mal por cierto. Lo suyo no era recortar papel con unas tijeras siguiendo una línea dibujada con tiza.

Al volver de la clase, parábamos en su casa y le contábamos a Cecilia lo que nos habían enseñado ese día. El sábado por la noche cuando fuimos a la Plaza de Armas, Cecilia llevaba un vestido precioso de seda estampada con unos adornos alrededor del cuello y de las sisas.

–Qué lindo traje! ¿Quién te lo ha hecho?

–Yo, con vuestras clases!

Sólo llevábamos una semana de clases su hermana y yo y ella, de oídas, ya estaba a la altura de París!

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EL MIRLO

En la casa nueva ha sido una sorpresa encontrarnos con que al atardecer, empiezan cientos de bichos a emitir todo tipo de sonidos. En la zona del jardín hay gran cantidad de insectos diferentes y ranas de lo más escandalosos. Por la fachada, al otro lado de la calle hay una finca enorme donde el dueño tiene vacas con cencerros y desde esta noche, sé que también tiene un burro. No me explico qué pudo haberlo hecho rebuznar con ese entusiasmo a medianoche.

Las mañanas son de los pájaros y cantan muchísimo, lo que me hace lamentar no distinguir unos de otros, salvo el característico silbido del mirlo. Tenemos uno muy trabajador que anda mucho por debajo del limonero. Debe de ser porque lo acabamos de trasplantar y en la tierra cavada, encuentra mucho que picotear. Como está contento, canta enloquecido.

Esto me recordó que mi abuelo tuvo una vez un mirlo prodigioso que silbaba La Internacional. Se lo había enseñado con mucha paciencia su dueño,  un zapatero remendón de Orense que lo tenía en su tallercito para admiración de los clientes. Mi abuelo le pidió que se lo vendiera y el hombre no aceptaba por nada del mundo. Él le insistía con que se la podría enseñar a cantar a otro mirlo, pero el hombre no estaba por la labor, él quería a su pájaro. La cosa habría acabado ahí, pero mi abuelo en un último intento, sacó del bolsillo una libra esterlina de  oro, de esas que rodaban por Iquitos durante la época del caucho y fue su perdición. Su mujer lo obligó a venderlo.

Una vez con el mirlo, mi abuelo se lo enseñaba orgullosísimo a todo el mundo, salvo cuando pasaba cerca la Guardia Civil, que lo tenía que tapar con un paño negro para que creyese que era de noche.

Al acabar sus vacaciones, se lo llevó a Iquitos y nada más llegar allí decidió fabricarle una jaula enorme, el Taj Mahal de las jaulas, para que cantara contento en su palacete de madera y tela metálica y decidió pintarla como retoque final. Metió al mirlo dentro, la pintura no había secado del todo, el pájaro comió un poco y murió.

Me lo contaba él mismo cuando yo era pequeña y añadía que no había conocido nunca a ningún zapatero remendón que no fuera comunista. Más tarde me lo relataba mi madre que por su cuenta decía que los zapateros remendones eran la reserva ideológica del marxismo.

¿Podré enseñarle yo a silbar algo al mirlo de mi jardín?

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PARA CHULA, YO

Hoy, en el colmo de la extravagancia, una persona me pedía explicaciones de por qué me siento tanto de mi país y mi ciudad sin que en su opinión, haya nada que lo justifique y me decía:   _Yo soy más de allá que tú.

PFT! ¿Y a mí qué me importa?

¿Se puede intentar provocar a nadie por semejante majadería? Digo yo que me puedo sentir de Iquitos todo lo que me dé la real gana o ¿hay alguien más que crea que le debo alguna explicación?

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He ido a ver esta película la semana pasada y no la he comentado antes porque quería dejarla reposar. En principio me había atraído el hecho de que era inglesa, interpretada por los más acreditados actores que allí tienen y en un entorno exótico y sucio-deplorable.

Como últimamente mi percepción de la belleza se ha visto alterada por mi adicción a Pinterest.com, todo lo que se descascarilla, se viene abajo, está carcomido, ruinoso o lleno de moho y humedades variadas, lo encuentro de lo más “chic”.

Desde luego no es una obra importante, es una película apacible sobre las alteraciones que tienen una serie de personas mayores en sus vidas. Y es que a ciertas edades, las cosas te las tienes que tomar con calma porque todo lo que te puede sobrevenir, va a ser chungo y sólo puedes confiar en que no vaya a ser MUY chungo. Y lo digo con certeza porque aunque no tanto, pertenezco a ese grupo de gente en proceso de deterioro.

A estas personas mayores no les ha quedado más remedio que irse a vivir a la soleada India (no nos muestran el momento Monzón para no cargar demasiado las tintas) porque no les llega la pensión o los ahorros para vivir en Inglaterra, así que a desterrarse y a disfrutar del tercer mundo en la medida de lo posible!

Probablemente esta vaya a ser una de las últimas películas que haga la Dame Judy Dench porque se está quedando ciega y ha comentado que no podrá leer más sus textos.

La peli la recomiendo bajo cualquier punto de vista porque es un placer ver a tanta gente buena actuando junta. Siento una predilección especial por Bill Nighy que tiene un registro tan amplio de interpretación… y Maggie Smith, que ha conseguido hacer del mal carácter una obra de arte…

Después de varios días de haberla visto, me ha quedado una sensación de melancolía, de fondo de tristeza por los tiempos pasados, por el propio destierro, pero eso sí, con ligeros saris de seda correteado sus alegres colores al fondo de la pantalla. Si tuviera valor, que no lo tengo, pintaría así mi casa nueva.

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PAJARITOS

Hace unos días hemos hecho un nuevo viaje por carretera a Andalucía y siempre me parece muy entretenido. Son muchísimas horas que cubrimos en dos etapas y no me aburro nunca.

En esta ocasión me fijé que entre Tembleque y Puerto Lápice, en La Mancha, hay un tramo en el que aún se utilizan antiguos postes de luz de madera, que no son más que árboles talados y con las ramas podadas al ras, que han clavado en la tierra a los bordes de la carretera. No todos tienen las ramas bien cortadas, de vez en cuando aparece un poste diferente, con cuatro o cinco ramas que parecen ganchos para que los empleados de la compañía eléctrica, cuelguen sus cazadoras en ellos si les apetece.

En esas enormes explanadas manchegas, se ven a veces bandadas bastante grandes de estorninos, que son unos pajaritos singulares. Por un lado pienso que deben de ser listísimos porque vuelan en formaciones muy numerosas y se dirigen hacia donde les apetece, cambiado a veces de rumbo sin perder la equidistancia y sin chocarse unos con otros. Son como esos aviones de exhibición que hacen florituras en el cielo, solo que sin humo de colores que deje una estela de sus creaciones. Suben, bajan, van hacia el Norte o hacia el Oeste y de repente, esa especie de manta parda voladora, decide ir a posarse en una floja catenaria específica entre esos postes antiguos.

No se reparten entre varias, no. Se colocan todos apiñados en la misma y como son tan numerosos, no caben y quedan unos cuantos aleteando desesperados delante de sus compañeros hasta que les van haciendo hueco a empujones. La siguiente catenaria está a sólo unos centímetros de distancia pero nadie se va allí. Me pregunto entonces cómo pueden ser tan listos para el vuelo y tan estúpidos para la ubicuidad. O será que ese cable es mejor y van allí a calentarse las patitas?

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