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Archive for 27 julio 2012

GATOS

Tenemos un invitado que se ha ido mostrando a los poquitos. Al principio se colocaba sobre el pilar de la reja de la entrada y desde allí nos miraba. Después empezó a cruzar el patio y al llegar a las tullas, se volvía a mirar si nos había impresionado.

Decidimos ponerle restos de comida: estofado de pollo con arroz, salchichas, salsa de tomate (ni la probó) y se ve que en general le ha gustado, así que ayer me trajo un regalo mientras yo revisaba los arbolitos nuevos. La cabeza de una rata que había cazado!

Qué espectáculo!!! Yo corría dando alaridos en una dirección y el gato en la contraria. Santo cielo, qué cosa tan espantosa! Espero que se haya asustado tanto como yo y no regrese.

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Estamos empezando a conocer el barrio. Más que porque salgamos a propósito para ello, es que hacemos montones de viajes a comprar cosas que necesitamos y se nos olvidan la mitad.

Por ejemplo, encontrar el invernadero del hombre-sabio que vende barato, nos costó tres viajes. Nadie aquí te da una indicación exacta, son por aproximación, así que sales de la autovía una y otra vez, probando distintos ramales hasta que te regresas a casa aburrida de fracasar y recordando unas referencias que te ayuden al día siguiente.

Hay que pasar el “Glass Palace”, que tiene un nombre que induce a pensar en el lujo y que tiene en el tejado una silueta en neón rojo con una chica metida en una copa de champán. Pues a juzgar por el local, que es un bareto al borde de la carretera, de champán nada, si allí se sirve algo, es vino de tetrabrick. Pero el neón es lindo y me gustaría para mi salón. Las visitas se harían preguntas interesantes.

La segunda referencia es la de otro local similar que se llama “Robertino”. El reclamo ahí, apuntalado en un lateral, es una pierna con un zapato de tacón. No es una pierna estilizada, es una pierna a lo Betty Boop, regordeta y de pie pequeño, con un zapato peep-toe.

 

A fancy leg-lamp

En realidad es exacta a la que salía en aquella película inefable “A Christmas Story”, donde un padre de familia ganaba una pierna-lámpara en un concurso de la radio y que colocaba sobre una mesa de su casa, delante de una ventana, para gozo de sus vecinos y bochorno de su esposa. Los momentos en los que Ralphie, el niño mayor, toquetea la pierna emocionado, son hilarantes.

Había visto la peli en el cine, pero cuando Canal+ la estrenó y la dio 8 veces en distintos horarios, la vi toditas enteras sin separarme de la pantalla.

Ahora voy a tener ese icono inigualable a cinco minutos de casa.

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Un Espíritu Afín

Mi chifladura por la limpieza, el orden y la armonía, seguro que tiene un orígen freudiano, pero me da igual. En general las manías son un problema para los que te rodean más que para ti mismo. Bueno, y ventajas! Porque siempre que me piden algo, sé dónde está. Ellos tendrían que buscar durante semanas.

Desde que llegué a la nueva casa me fastidiaba ver una parte de las bugambilias de la entrada con montones de flores secas en dos zonas definidas, así que agarré un tubo metálico que encontré en el garage y le di una tunda a esa zona, dejando todo el suelo alfombrado de florcitas secas. El jardinero que andaba haciendo arreglos por ahí, me miraba alucinado, pero como es muy complaciente, me trajo un rastrillo para facilitarme la labor. Entonces, más que pegarles una paliza, parecía que les estuviera halando el pelo. Después trajo un aparato fabuloso que sopló con fuerza toda aquella alfombra, la juntó en un sitio y allí la recogió.

También se asombró un poco de que hubiera podado al ras, un montón de plantas de flores menudas, de esas compuestas que presentan varios tonos de un mismo color. Me preguntó por qué y le expliqué que tenían unos tallos ásperos que me desagradaban y que además, no armonizaban ni en color ni en tamaño con mis hibiscus.

Creo que gané algo de crédito cuando vio las flores que he puesto en la zona de las palmeras. Tienen unos colores preciosos.

Bueno, pues hoy he encontrado un blog en el que una señora muestra una foto de su lavaplatos al que ha cubierto con una funda frontal de lino, como si estuviera panelado.

Me he quedado encantada porque yo tengo desde hace años un montón de cosas con una funda antipolvo: la Minipimer, la tostadora, la sandwichera, la centrifugadora de lechuga, mi portátil, la ropa. . . Solía hacerlas de sábanas viejas hasta que un día encontré en una tienda que liquidaba sus existencias por cierre, un rollo de treinta y nueve metros de algodón verde manzana por 14 de las antiguas pesetas.

Cuánta felicidad enrollada en un tubo, qué pasada de oferta. Estuve haciéndole cubiertas a todo lo que se me ocurría durante semanas. Mis hijas advertían a las visitas en cuanto entraban: -No os quedéis quietos durante mucho rato en el mismo sitio o mi madre os hace una funda.

Mi marido decidió acabar con la fiebre algodón verde manzana de una sola: -O dejas de tapar mis cosas con un trapo o salís la funda, la máquina de coser y tú por la ventana! Si no se hubiera puesto tan borde, le habría hecho un sombrero verde.

Pero mira por dónde he encontrado un espíritu afín de gusto sofisticado y que me ha dado una idea en la que yo no había pensado jamás: Le pones unas tiras de VELCRO a los perfiles de la puerta del lavaplatos y luego le pegas una tela ribeteada con la otra parte adhesiva de la cinta et voilá! Es más, si me aburro en el invierno y si la hago de lino, le puedo bordar un anagrama ad hoc. Qué risa!

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COCHES

Ayer fuimos a comprar plantas a un invernadero que nos habían recomendado. Habíamos ido a varios de la zona y realmente éste los superaba a todos. No sólo era mucho más barato que los demás, sino que el propietario era un enterado del mundo vegetal y tenía una serie de artilugios que permitían simultanear un jardín bonito con una huerta vertical.

Cómo sería de animoso el hombre, que terminamos metiendo en el coche un manzano fuji, un kumqwat, un persimon e incluso un sauce llorón de casi tres metros de alto. Dijo que entraba y entró, “con las hojitas hacia el conductor”, como nos indicó. Conducción “camuflage”. Para colmo pasamos dos controles de policía, el primero de la guardia civil y el segundo de la poli nacional que sólo nos contemplaron atónitos de ver a un conductor en medio de la foresta.

Esto me recordó que el primer coche que tuvimos mi marido y yo, en la década de los setenta, fue un Mini. Vaya cochazo! Iba siempre cargado hasta los topes porque en aquella época, sólo nosotros nos habíamos podido permitir semejante dispendio. A pesar de su reducido tamaño, nos metíamos 8 personas holgadas: 5 adultos (o algo por encima de la mayoría de edad) y 3 niños pequeños, de dos años, de uno y medio y un bebé de meses. Dicho así, parecería que un bebé ocupa poco, pero es que mi sobrina iba dentro del capacho de su cochecito de paseo, cuyas ruedas llevábamos en el maletero. Porque hasta tenía maletero!

El Mini era rojo y mi marido le había mandado poner ya en el concesionario, unas defensas que para sí hubiera querido un camión. Además, como siempre iba tan repleto, no podía ver nada por el espejo retrovisor, así que decidió ponerle por fuera, otro retrovisor ahuevado que le diera una visión del tráfico detrás de él. No volvería a sacarlo sin ese complemento, nos había amenazado. Pues en la tienda no tenían más que uno de color amarillo que tiraba p’ atrás. Vamos, que el medio huevo aquél, llevaba la yema por fuera.

A partir de ahí, nuestros amigos cuando nos veían circular por la calle, al ser tan reconocibles, nos hacían señas y también se subían. Como éramos pocos, pues podíamos hacer sitio. Era como la estiba de una lata de sardinas, pero todos cabíamos porque le echábamos buena voluntad.

Según iban creciendo los niños, el espacio era más reducido y además, jugaban pasando de los asientos delanteros a los traseros y a la inversa con total libertad porque la normativa de tráfico de entonces era bastante relajada y nosotros, todos, unos descerebrados.

No debimos venderlo nunca. Años después lo encontrábamos por alguna carretera y con lágrimas en los ojos y conciencia de traición, decíamos: _Ahí va nuestro “farolillo rojo”. . .

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EL CÁLIDO VERANO

Veo reflejadas en el techo del porche, las reverberaciones del agua de la piscina.

Me pregunto si recordaré estos días de bonanza cuando llegue el horrible invierno. Sí, el de nuestro descontento, como el de Ricardo III.

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FRUTA DE CAJAS

Ayer fuimos a comprar provisiones puesto que en esta casa no había nada de nada. Justo al entrar en el supermercado está la zona de frutería y verduras y cuál no sería mi sorpresa al ver que tenían melocotones antiguos.

Mi marido me preguntó que cómo que antiguos.

Si hombre, de los que crecían en una ramita, que tenían una personalidad complicada y manchitas! Siguió preguntándome que dónde creía yo que crecían ahora…

En una caja que pone Frutas Marín o Frutas Nieves y no son redondos como antes, son facetados para así acomodarse bien a su caja-madre, porque a quién rayos se le ocurre nacer para ser redondo cuando todo el mundo sabe que a la hora de estibar nada como ser cúbico? Otras figuras geométricas restan beneficios y no estamos para perder cash.

A la hora de la cena me dijo sorprendido: Tienes razón! Saben como cuando éramos pequeños! Puffffffff… qué momento flashback…

Ese ha sido el problema de tanta transgenie acomodaticia. Al perder la forma original, también se les ha ido el fondo, que era saber a melocotón. Por eso ahora da igual un tomate que una pera o pechuga de pollo, todos son de sabor neutro.

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Aprovechando nuestro nuevo viaje al sur, planeamos un par de días de estancia en Madrid para ir a ver la exposición que Madame la Baronesse ha montado en el Thyssen. Yo iba tan predispuesta a que me encantara, que ha sido todo éxtasis. Aún así, he tenido mis favoritos, como los cuadros marinos y los de los granjeros, especialmente Cape Cod Evening, el del perro collie, porque nadie pinta la hierba madura como Hopper y porque hasta el perro tiene más vida que su dueño jugando con él.

Qué fantástico también el del matrimonio aburrido que mientras él lee el periódico, ella en escorzo, teclea desganada su piano. La cantidad de relatos que se podrían escribir sobre esa imagen! Todos desdichados, eso sí.

O el cuadro de los tres surtidores rojos de gasolina…

Hopper es un pintor de ángulos difíciles, parece espiar a sus modelos desde lugares escondidos y así a veces una esquina de un balcón ocupa mucho espacio y apenas muestra la cara de una nanny con la toca al viento, que pasea a un bebé en su cochecito. Uno le pregunta: -Por qué no te asomas totalmente al balcón y nos lo muestras todo? Por qué te ocultas tras el visillo?

A mí me parecieron pocos cuadros, podría haber visto muchísimos más con igual complacencia y de hecho, pienso volver a visitarla con más calma, pero a mi hija mayor le pareció excesiva. Demasiada desolación, me dijo, sobre todo la de ese grupo de personas sentadas al sol. Me recordaban “La Montaña Mágica” de T. Mann, con todos los enfermos colocaditos al sol mientras esperan a morirse de tisis. Qué retrato tan terrible!

 

A mí, en cambio, me hacían evocar “Tender Is The Night”  de S. Fitzgerald, juntos pero solos. Es en realidad la versión espeluznante de Norman Rockwell.

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