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Archive for 31 julio 2013

Carta al regreso

Hola a todos!

Ya estoy de vuelta de Iquitos. Llegamos hace casi dos semanas pero colocar, ordenar y reorganizar, es trabajoso y lento.

Ahora mi casa ya está limpia y yo me lo paso genial recordando el tiempo pasado allá y retocando las fotos que tomamos.

De principio a fin fue una estancia fantástica y aunque llovía cuando llegamos y que el avión se sacudió de lo lindo todo el tiempo que sobrevolamos la selva, no me afectó. Es otra clase de lluvia, con calor, intermitente y no pertinaz y gélida.

Aeropuerto de Iquitos

En el camino del aeropuerto no vendían uvillas como yo esperaba, pero sí que encontramos sapotes y paramos a comprarlos. Qué buenos estaban!

Como era la hora de comer, fuimos con nuestros amigos a darnos un atracón de comida criolla: Ensaladas de chonta y palta, Patarashca de dorada (pescado de río a la brasa envuelto en hojas de bijau), gamitana con tacacho (plátano verde frito y machacado con chicharrón de chancho) y un montón de salsas picantes para darle alegría a la comida. Gachi se pasó todo el tiempo pasado allí, zampando. Se ha comido medio Perú con enorme entusiasmo y la otra mitad que le queda, piensa volver a rematarla.

Mi ciudad ha cambiado mucho, antes estaba llena de europeos de primera y segunda generación que paseábamos por las calles saludándonos correctamente unos a otros agachando la cabeza y ahora es indígena, repleta, bulliciosa y tan llena de vida que parece un panal. Los chacareros han dejado los ríos y se han ido a la ciudad y muchos serranos han abandonado los Andes y han bajado a la selva buscando condiciones de vida más fáciles.

Los motocars son muy ruidosos. Alguien les ha dicho que sin el filtro gastan menos gasolina y el ruido es ensordecedor y la peste a combustible, atroz.

Son ciertamente unos vehículos peculiares formados por una motocicleta de baja cilindrada, con unos asientos con capota o toldillo detrás. Los nombres o identificaciones son extravagantes y van desde los nombres de los hijos del dueño a oraciones al cielo para una buena conducción,  o advertencias, como uno que ponía:

99% FIEL, NO TENTAR

A pesar de su tamaño, suelen ir cargadísimos con cosas insólitas, como larguísimos maderos para hacer casas, calaminas para los techos, refrigeradoras e incluso en uno vi una caja de muerto que rogaba estuviera vacía y no llevaran al finado a los tumbos por esas pistas llenas de agujeros enormes donde compasivos vecinos meten un árbol como advertencia para el tráfico.

Hay tantos, que por todas las calles y barriadas, se ven muchos averiados. Tumbados de costado mientras los reparan, quedan en una postura tan extraña, que mis ocurrentes paisanos insisten en que la van a incorporar al Kamasutra como “la postura del motocar”

20130419_121634

Pero en cuanto nos íbamos del centro, a casa de los amigos donde estuvimos invitados, todo era perfecto. Olga me dijo que hiciera una lista de las cosas que querría comer y así fue, día a día pudimos comer todos los platos que eché de menos durante tantos años. A Carlos le habría bastado con los zumos, le encantaban todas las combinaciones, aunque para nosotras, nada era igual al de guanábana con hielo molido.

 Hemos paseado mucho por las afueras y en Quistococha comimos cocodrilo blanco que estaba preparando una mujer en una parrilla, cerca del agua.

cocodrilo a la parrilla

Fuimos a ver una puesta de sol en Moronacocha, donde se ven los más bonitos atardeceres del mundo y también la luna llena reflejada sobre el Amazonas desde el Malecón Tarapacá.

 Moronacocha

Gachi le dio el biberón a unos manatíes-bebé que tienen en una reserva porque están en peligro de extinción y eso la dejó feliz, lo mismo que danzar un rato con los indios boras, a dos horas de Iquitos en lancha Amazonas abajo. El río estaba muy crecido y el agua llegaba a las copas de los árboles que el resto del año están en terreno seco. Intentó pescar en recodos del río o en quebradas del Momón, pero sólo consiguió alguna piraña.

Fuimos al mercado de Belén y tomamos ponche de masato, compramos ingredientes que yo necesitaba y Carlos se decidió por las bebidas de cortezas maceradas en cachaza, alguna con la promesa de ser afrodisíacas y con nombres tan gráficos como Levántate Pájaro Muerto, Rompe Calzón, Para-Para o Espérame en el Suelo y lindezas por el estilo. Yo lo miraba con mirada muy reprobatoria, pero como si nada.

También compramos huevos de motelo (tortuga de monte) que ya no pudimos comer porque nos íbamos al aeropuerto para regresar. . .

Las noches eran preciosas, sobre todo la noche que salimos en canoa y estuvimos en silencio oyendo todos esos ruidos de la selva. . . mirando el cielo que resulta que sigue estando plagado de estrellas, miles de estrellas. . . Carlos y yo ni nos movíamos y Gachi me preguntó muy bajito: Qué es eso? La Vía Láctea hija, nuestra galaxia! La pobre no la había visto nunca!

Pero la mayor parte de las noches, después de cenar, nos moríamos de risa con las historias sobre funerales, entierros, aparecidos, señales y despedidas de los que se van a marchar o ya se han ido, porque te las cuentan como si tal cosa, como un hecho cotidiano tan normal. Todo ese sentido del humor me encanta.

Al cementerio de Iquitos le han puesto rejas. Antes había un murito rodeándolo todo, sobre el que se sentaban chicos y chicas del barrio que tenían algún romance, pero los muchachos se dedicaron a ir por dentro con cubos llenos de hielo en los que metían las manos y luego tocaban a las parejas, dándoles un susto de muerte y nunca mejor dicho, así que han acabado con la broma poniendo unas rejas que impiden que se sienten allí.

El último sábado antes de regresar fuimos Carlos y yo a visitar la tumba de mi abuelo. No recordaba en absoluto hacia dónde estaba situada, así que entramos en la Administración del recinto, justo detrás de la verja de los sustos, a la derecha. Me quedé muy sorprendida al ver que tenían unos hornillos sobre una mesa grande donde estaban cocinando unas enormes ollas con frejoles y arroz. También había plátanos verdes en otra mesa y tacacho a medio preparar en un batán muy grande y una fuente con cecina ya frita. Yo quería tomarle fotos a todo aquél despropósito porque quién me iba a creer al contarlo, pero no me atreví, estaba alucinada. Me preguntaba si es que iría a haber una kermesse más tarde o si simplemente esperaban por la noche a los que allí residen porque como andan por ahí apareciéndosele a la gente. . .

He visto amigas del colegio de cuando estábamos en primaria, pero que nos conocemos tanto, se conocían tanto nuestros padres y abuelos, nuestros códigos están tan arraigados, que desde el primer instante nos hemos hablado como si lo hubiéramos hecho dos días antes. Me han dicho lo muy lindos que eran mi marido y mi hija, que seguro que la que no fue esta vez, sería igualita a su hermana y cortesías muy del estilo.

En las tiendas, mientras Gachi se probaba algo me decían: Señora, ésta es tu hijita? Qué linda es. Y qué europea!

 Una de ellas incluso me dijo: Hasta lleva la talla 28, que sólo las mujeres de lindo cuerpo llevan la talla 28 ó la 30!

Yo me moría de la risa, sobre todo porque europeos ha habido cientos de millones, pero nosotros, los que somos de Iquitos, somos cuatro gatos locos, el glamour del universo!

En fin, que todo ha sido estupendo y muy emocionante y que nadie debería tener que estar lejos de su casa tanto tiempo como yo he estado de la mía.

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                                                                                                                    4 de Abril de 2013

Hola a todos!

Seguimos sin teléfono, así que mientras no me decida por las señales de humo, cosa que me estoy planteando seriamente, no me queda otra vía que la de mandar un email para contaros que el próximo martes, mi marido, Gachi y yo, salimos hacia Iquitos con la idea de estar allí un mes completito.

Estaremos en Lima unos pocos días para que Gachi conozca la ciudad,viaje con su padre al Cosco y Machu Picchu y mientras yo, pueda ver a algunas antiguas amigas del colegio. No os lo he comentado antes porque temía que los planes pudieran chafarse y porque en el fondo, no termino de creérmelo. Volver a casa!!!

Ni siquiera me atrevo a hacer planes concretos y con las justas tengo la ilusión de que en el camino del aeropuerto, haya al borde de la carretera, alguna vendedora de uvillas a la que le podamos comprar un par de racimos bien polvorientos o bebernos un agua de coco verde. También empiezo a sentir el vaho del calor húmedo, los olores de las comidas picantes, el ruido de los motocars y la música a todo volumen. Qué maravilla! Eso es el hogar.

Barbara no puede venir ahora pero tiene la esperanza de que pronto la manden por la zona por asuntos de trabajo ahora que parece haber terminado en Rwanda.

Al día siguiente de volver de Kigali se vino aquí aprovechando que le quedaban unos días de vacaciones del año pasado que uniéndolos a los de S. Santa, pasó dos semanas con nosotros. Nos divertimos un montón porque el tiempo fue bastante aceptable y apenas llovió. Además, nos estamos adaptando a la forma de ser de la gente de aquí y nos reímos mucho.

En general las citas con los operarios suelen dilatarse entre una semana y diez días. Al principio los esperábamos pero ahora nos largamos y listo. Ninguna de las dos partes nos enfadamos por ello.

Hay dos que me caen especialmente bien, un albañil y un electricista. Estuvieron poniendo “canelones” para recogida de aguas pluviales por los diferentes tejados con la ayuda de una escalera muy larga compuesta de varias más cortas, atada con trapos cada pocos tramos y desde la que yo creía que se caerían seguro. En la cima, en el apoyo izquierdo, tenían una tetera boca abajo, que no supe si era un feng shui que los librara de venirse abajo o si era para tomarse un té en el tejado llegado el momento adecuado.

El electricista habla un andaluz tan cerrado que nos cuesta entenderlo, así que Carlos le escapa y yo paso serias dificultades. Debe de creer que estoy chiflada por él porque le miro fijamente los labios para ver si así entiendo algo más.

El otro día me dijo: _Perdonando, pero zu marío tiene musho acento de dialecto gallego y uzté no.

Me gusta mucho a mí esa introducción de “perdonando” para iniciar cualquier conversación. Es muy cortés, desde luego. Le dije que efectivamente él tenía mucho acento pero no de dialecto porque el gallego era tan antiguo como el castellano y provenía también del latín. _Ahhhhhh. . . poz como yo, que hablo idioma andalú antiguo. Ya no ze habla como yo.

Y tan antiguo pensé! Tanto podría ser bantú como sánscrito. No le entiendo nada.

Nuestra charla acabó porque lo llamaron al móvil para decirle que le tenían una cabeza reservada en algún sitio. TIENE CUERNOZ ? preguntaba él a voces. Barbara y yo mientras tanto nos mirábamos alucinadas ante tanto disparate. Si tenía cuernos, al menos sería de un animal.

No hace falta que os diga que tomaré todas las fotos del mundo en mi aguajal. En realidad dudo mucho que mire algo sin que sea a través de un visor y que no guarde una imagen de cada segundo pasado allí. También llevo mi caja de acuarelas!!!

Abrazos a todos

                                                         Leaving Málaga

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