Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Taller de literatura’ Category

El pasado otoño decidí acudir a un taller de escritura de relatos cortos. Me habló de él mi hija menor, quien se había enterado de su existencia a través de la prensa local. Ella había asistido ya todo el curso anterior y estaba muy contenta con la disciplina que supone escribir algo para compartir todas las semanas. No es que me hayan gustado nunca de forma especial los relatos cortos, de hecho soy incapaz de leer varios seguidos porque me entra una especie de estado de ansiedad al pasar de una historia a otra (sobre todo si son intensas), en tan corto espacio de tiempo. A mí, si una historia es buena y está bien narrada, cuanto más larga, mejor. El Señor De Los Anillos, sin ir más lejos, es un buen representante de lo que debe de ser un libro, a ser posible.

Así pues, puesto que mi hija asistía a un grupo muy, muy trabajador y muy bien avenido los martes, yo iría a otro los miércoles para no estorbarnos la una a la otra. Dio la casualidad de que en la mayoría del mío, éramos sudamericanas variadas, que aunque para los de fuera seamos una masa homogénea, teníamos orígenes, experiencias y paisajes muy distintos, incluso idioma, puesto que una de nosotras era de Brasil. Había 2 argentinas, yo, la representante de Perú en su lado amazónico, una vasca y una madrileña. Durante un tiempo muy corto, se anotó a nuestro grupo una venezolana que aportó más exotismo si cabía al grupo, pero fue una estancia fugaz.

Literatura puede que no escribiésemos, pero reirnos… nos hemos reído un montón. Y desde luego, ha habido relatos muy buenos por parte de mis compañeras, que han tenido días muy inspirados.

No sé lo que haré el próximo otoño. No soy dada a hacer planes con antelación porque al igual que los musulmanes soy determinista. Cuando emplean esa frase de “estaba escrito”, me parece que tiene el tono desalentador que da la fatallidad, pero para mí, lo que está escrito es el libro que todos llevamos dentro. Otra cosa es que sepamos contárselo a los demás.

Anuncios

Read Full Post »

(Deberes del Taller de Literatura)

En la actualidad vivimos una época de grado máximo, de superlativo. No importa a qué ámbito de la vida nos refiramos. Si se trata de la propiedad (en el fondo todo se reduce a tener), tu casa debe ser la más grande, la más lujosa, la mejor situada…. Si es tu coche, debe der el de más alta gama, el que más corre, el que más consume (eso significa que puedes pagar el mayor precio por la gasolina), el más bonito… Pero aquí entra en juego otra señal de poderío: en el caso de ser varón, deberá llevar además, en el asiento del copiloto en el convertible, una rubia de grandes gafas de sol que aparenten, a poder ser, ocultar un rostro de famosa, cuya notoriedad deberá provenir, si ello fuese posible, adquirida saltando de cama en cama de toda la plantilla de un club de fútbol ganador de todos los trofeos que existan.

Si se trata de la comida, los ingredientes tienen que ser importados de  muy remotos lugares o de difícil obtención (valga como ejemplo la sal fósil, conseguida en excavaciones a cientos de metros bajo tierra, de cuando los mamuts poblaban la tierra.

Si puede permitírselo, decore sus platos o cocktails con ralladura de oro de 24 kilates. Como la mayoría de los cocineros carecen de conocimientos básicos de química, o más bien de cualquier conocimiento, comentan con alegría propia de la osadía:

– Es oro alimentario.

Pero cómo! No es el oro un metal pesado de alta toxicidad para el consumo humano? No está en la tabla de Mendeleyev al lado del platino y el mercurio? Con un peso atómico de casi 197 es, desde luego, altamente digestivo. Para dar una idea, el sodio tiene un peso atómico de 22 y aún así, su cloruro nos acartona las arterias en cuanto nos excedemos. Pero es oro, es caro y compensará que deje en todos los órganos, restos de tan sofisticada ingesta, además, qué demonios, el hígado ha estado siempre sobrevalorado.

El lenguaje se conduce por los mismos derroteros. No en vano es el vehículo con el que los humanos expresamos lo que sentimos y poseemos. Probablemente el hecho de que la cantidad desorbitante de personas que somos actualmente, nos haga ser algo conscientes de nuestra insignificancia, ansiamos enloquecidamente hacernos notar. A ser posible a voces. Curiosamente el volumen sube inversamente proporcional al conocimiento. Cuanto más cafres, más gritos o como dirían ellos:

-Contra más te oigan, más mejor-. Así la bulla en los restaurantes y demás lugares públicos es ensordecedora. En general, a nivel social, a pesar de los intentos de estos individuos por ampliar sus círculos de relaciones, éstos no van a cambiar. Van a ser tan pequeños y miserables como lo eran en la edad media los de los campesinos y siervos de la gleba de villorrios perdidos en la mitad de la nada. Tampoco el grupo de amigos que los acompañan, quienes a su vez para hacerse notar, celebran con grandes risotadas sus estúpidos comentarios malamente expresados y se dan codazos y fuertes palmadas  unos a otros asintiendo, va a conseguir nada con ello. Como mucho, que les presten algo de atención los de la mesa de al lado, que se encuentran comportándose de la misma manera alharaca.

 -Joder tío, qué fuerte!   Le dirán al que lleva la voz chillante…(estas cuatro palabras se pueden combinar entre sí tomadas de una en una, hasta el agotamiento),  lo que constituye básicamente el lenguaje actual:

– Tío, joder!  qué fuerte!

– Qué fuerte tío, joder!

Y así hasta el tedio absoluto.

El superlativo ha alcanzado en el campo de la narrativa, grandes excesos también y lamentablemente, por el camino de la violencia y la vulgaridad. Así cuando relatan algo que les ha parecido divertido, no simplemente dicen que algo los mató de la risa, que ya es bastante exagerado puesto que están vivos para contarlo, sino que se han descojonado, se han partido el culo o se han deshuevado de la risa. Esas imágenes me dejan siempre perpleja y me producen desasosiego, pero hay que reconocer que son difíciles de superar. Porque digo yo… habrá niveles, no? O  de cada vez que sucede algo graciosillo se descojonan?

Hay sustantivos que actúan como adjetivos para calificar a otro y el más usado, es actualmente “mierda” o “de mierda”. Se repite tanto y de de forma tan universal, que ha pasado a convertirse en el acompañante adecuado de todo: una película de mierda, un concierto de mierda, unos sudacas de mierda, llegando en este último caso a convertirse en una palabra compuesta. Incluso en el hipotético caso de que pretendan darle un tinte irónico en cualquier contexto, la cuestión es que se dicen ya siempre ambas palabras juntas, como un gran todo, como una verdad universal, que se podría tallar en piedra, al igual que las Tablas de la Ley que se supone que le entregaron a Moisés. De hecho, me voy a hacer una camiseta que ponga:

      YO TAMBIÉN SOY

UNA SUDAKA-DE-MIERDA

En mi humilde opinión, es tiempo de que volvamos a la medida justa de las cosas, a los matices, a la mesura.  Que sólo exista un lenguaje chabacano, acerbo, chabolista, de barrio marginal (para cuyas personas existen todas las disculpas del mundo, puesto que no han tenido otras escuelas), es lamentable. Si el nivel de violencia al inicio de cualquier desacuerdo es tan elevado, me parece que la única respuesta de la persona agredida es agarrar un bate de baseball y reventarle la crisma al oponente.

Read Full Post »